Llegó al campamento agotada, durmió un par de horas mientras sus mecánicos cambiaban el motor y tomó esta mañana la salida de la décima etapa.

Laia Sanz ha vivido su jornada más difícil en el Dakar 2013. La piloto de Gas Gas y KH-7 llegó al vivac de Córdoba a las 5 de la mañana de Argentina (las 9 hora española) remolcada durante más de 400 kilómetros por su mochilero Miguel Puertas. Agotada y magullada por los avatares de la travesía, Sanz finalizó la novena etapa, la más larga hasta ahora, en última posición.

A pesar del infortunio y el cansancio, Laia no ocultaba su satisfacción por seguir en competición haciendo gala de una fortaleza física y mental encomiable: “¡Nos dejan salir! Pensaba que quizá por el retraso nos dirían que estábamos fuera de carrera, pero no ha sido así y me he alegrado mucho. Ahora a dormir un par o tres de horitas y otra vez a la pista”.

Después de un breve lapso de tiempo para descansar, y para que sus mecánicos sustituyeran el motor de su moto, Laia tomaba a las 12:20 (hora española) la salida de la décima etapa, entre Córdoba y La Rioja (de 394 kilómetros), en 130º lugar del orden de salida.

La 13 veces campeona del mundo dejaba atrás una dura jornada que arrancó con problemas muy pronto. Las imágenes de televisión mostraron justo antes de la salida de la especial como el piloto argentino Javier Pizzolito y el francés Cyril Despres trataban de ayudar a Laia, que ya se había percatado de que algo no marchaba bien en su moto.

Finalmente, la piloto catalana pudo tomar la salida del primero de los dos tramos cronometrados de que constaba la novena etapa con normalidad. “Estaba haciendo una gran carrera: salía decimotercera y al cabo de poco ya había adelantado a cuatro pilotos”, explicaba Laia. En los tiempos intermedios oscilaba entre el 19º y el 24º mejor crono, así que todo hacía presagiar otro gran resultado tras el 13º registrado el día anterior a la jornada de descanso.

Sin embargo, a 40 kilómetros de la meta del primer sector se rompió el desvaporizador y perdió todo el aceite del motor. “Me di cuenta en seguida y paré rápidamente la moto para no romper el motor. Intenté arreglarlo como pude y volví a arrancar al cabo de un rato, pero siete kilómetros más tarde volvió a soltarse el tubo”.

Laia esperó entonces a que llegara su mochilero en el equipo Gas Gas Miguel Puertas y, ante la imposibilidad de solucionar el problema, optaron por que éste remolcara con una eslinga a su compañera. Cubrieron así los 30 kilómetros que les quedaban del primer tramo, los 120 kilómetros neutralizados hasta llegar al segundo sector selectivo, los 240 kilómetros de la segunda parte de la especial y otros 80 kilómetros de enlace hasta el campamento.

Laia Sanz perdía así sus opciones de acabar entre los 30 primeros de la general, uno de los objetivos que se había marcado este año, pero si termina la carrera se coronará nuevamente como ganadora del trofeo femenino, debido al abandono ayer de su rival en esta competición, la chilena Josefina Gardulski. Sea como sea, Laia ya puede decir que ha superado su particular odisea en el Dakar.